jueves, 12 de julio de 2018

¡Es virtual, Jacobo, es virtual!

Me temo que durante una larga temporada, tal vez años, en México tendremos que acostumbrarnos a usar con displicencia y desparpajo el adjetivo "virtual" y su adverbio derivado: "virtualmente".

Es eso (impregnarnos de "virtualidad") o nos hundiremos en el más negro estado de ánimo, producto de una progresiva y creciente decepción.

Por lo pronto le he preguntado a un experto, al doctor Aníbal Basurto Corcuera, conocido otrora como "el gordo Basurto", y él me ha dicho:

"Mire usted, es inevitable que una sociedad inmersa en una mudanza vital de gran calado como será la bien llamada cuarta transformación, deba adaptar también su psicolingüística de una forma acorde a la profundidad, anchura y altura de los inmensos cambios que se avecinan. Ello implica recurrir a denominaciones idóneas que permitan conjurar los peligros de crecientes disonancias cognoscitivas, esto es: que eviten la incómoda percepción de que, como se decía coloquialmente en épocas pretéritas: nos tomaron el pelo o nos vieron la cara de zoquetes".

¿Podría darme algunos ejemplos, doctor?

"Por supuesto. Tomemos el caso de la lucha prioritaria para erradicar la corrupción que deberá darse desde el primer día, incluso antes, desde los prolegómenos de la cuarta transformación. Es probable que algunos individuos despistados no perciban de inmediato que los eventos de corrupción han terminado de una vez por todas y que incluso señalen alguna aparente tropelía por aquí, algún supuesto latrocinio de dineros públicos por allá, la presunta sustracción de recursos en tal dependencia gubernamental, tal vez algún aparente tráfico de influencias por el cual el compadre del secretario Tal se enriqueció...Pero serán percepciones erróneas. Y es ahí donde resulta crucial ampliar la perspectiva semántica y habituarnos a entender el concepto de virtual. Se tratará de una erradicación virtual pero total de la corrupción, ¿me entiende?"

Sí, doctor Basurto, empiezo a captar el concepto. ¿Se aplica también este adjetivo (virtual) a otras mediciones específicas?, por ejemplo ¿a la reducción a la mitad de los salarios de los altos funcionarios del gobierno?

"¡Exacto!, lo sustantivo es que se reduzcan los salarios y se cumpla el propósito anunciado. Eso es lo esencial. Otra cosa es que esa reducción se verifique virtualmente, eso será mera circunstancia, será accidente, no sustancia".

Volvamos al principio, doctor Basurto: ¿Qué debemos entender por "virtual" o por "virtualmente"?

"Muy sencillo. Tradicionalmente se registran tres acepciones del adjetivo 'virtual' en nuestra lengua. La cuarta transformación supera esa heterogeneidad semántica y concentra en una sola definición toda la riqueza del vocablo. Esa definición es la siguiente, y le ruego que tome nota puntual de mis palabras: Debe entenderse por virtual lo que produce en el paciente la percepción que desea el agente emisor de la promesa, orden, mandato o consigna. Así, lo que es explícito verbalmente en la orden del agente será real, al menos de forma tácita, en la imaginación y en los sentimientos del paciente. Apariencia es realidad".

¿Me podría dar más ejemplos en los que se aplique la virtualidad?

"Son virtualmente infinitos los campos de aplicación. Lo que a usted se le ocurra: que la Secretaría de Parques y Jardines se trasladará a tal poblado de la hermosa provincia mexicana...basta con que se abra en dicha población una oficina con ese nombre y se diga, explícitamente: 'Esta es la Secretaría de Parques y Jardines', los edificios y los miles de esforzados servidores públicos de esta Secretaría que siguen despachando en la capital del país son meros delegados que permanecen ahí por razones logísticas; es lo que llamamos 'descentralización virtual.

"También podemos pensar en reducciones virtuales de impuestos, en congelamiento virtual de precios y tarifas de la administración pública y en tantas otras cosas: la honestidad virtual, la estricta y virtual vigencia del estado de derecho, la estabilidad económica virtual, la virtual autonomía del poder judicial, la transparencia virtual, la virtual rendición de cuentas, la virtual autosuficiencia alimentaria, el superávit fiscal virtual, las refinerías virtuales, la virtualmente creciente producción de gasolinas mexicanas virtualmente limpias y puras, la reducción virtual de la deuda pública, el incremento virtual de las pensiones, el virtual aumento constante de los salarios mínimos, lo que se le ocurra, amigo, lo que usted quiera. El límite es la imaginación".

¿Virtualmente, desde luego?

"Así es, virtualmente todo puede ser virtual. ¿No es genial?".




miércoles, 11 de julio de 2018

Hacerle "el caldo gordo" a AMLO con el peso

Hoy, el principal encabezado del periódico "El Financiero" me ha resultado muy divertido, dice:
"Regresa al mercado el apetito por el peso".

La anfibología de la palabra "peso", que lo mismo puede entenderse como la moneda nacional que como la medida del volumen o masa de un objeto o persona,  permite que uno pueda descifrar el enunciado en clave humorística. Digamos, como: "Hacen el 'caldo gordo' con la apreciación del peso" o "Engordan las ilusiones del venturoso cambio con el desempeño del tipo de cambio"...

Y así, numerosos juegos de palabras que parecen diversión ociosa. 

Seamos serios y regresemos a lo que verdaderamente nos dice la información de ese periódico bajo ese encabezado tan singular. En breve, la nota consigna el excelente desempeño del peso mexicano frente al dólar estadounidense en los últimos días, específicamente a partir de que se proclamase el triunfo arrollador (es el adjetivo que conviene, sin duda) de Andrés Manuel López Obrador en las recientes elecciones presidenciales.

En efecto, el tipo de cambio en el mercado interbancario cerró ayer en 18.93 pesos por dólar estadounidense y añade la nota: "Según un listado de Bloomberg, durante la jornada el peso fue una de las monedas emergentes de mejor comportamiento".

Y se cita a una analista de un banco mexicano, quien señaló que "la reunión que tendrán integrantes del equipo de AMLO con funcionarios estadounidenses es una señal positiva para el mercado".

Para más abundar en el ánimo festivo por lo bien que se anda portando el peso, Enrique Quintana, director editorial del diario, en su columna cotidiana explica: "...en los último 30 días nuestro peso es la única divisa (en negritas en el original) de mercados emergentes que se ha apreciado frente al dólar, lo que claramente muestra que los inversionistas están separando a México (en negritas en el original) del resto de los mercados emergentes, obviamente por lo que está pasando aquí".

¿Y qué está pasando aquí? Todo mundo lo sabe, creo: Aquí ha pasado que ganó por un amplísimo margen y por una cantidad más que abundante de votos el señor López Obrador y que su triunfo no sólo fue reconocido con rapidez y sin regateos, sino que ha sido recibido como una excelente noticia, como el anticipo de un gran cambio en el país, como muestra de la madurez democrática de México e inicio de una nueva era que si bien no acabamos de definir qué tan buena y qué tan duradera será, se prevé como venturosa y promisoria. 

¡Qué bonito!, pero hay algunos puntos oscuros en este mural que se nos vende, en principio y casi sin cautela, como glorioso y triunfal. Y ello me obliga, me perdonarán los lectores, a volver a la interpretación humorística - digamos- del encabezado acerca del "apetito" recobrado por "el peso"...

A riesgo de ser aguafiestas sí encuentro motivos para creer que le estamos haciendo el caldo gordo a la victoria de AMLO. Hacerle a alguien el caldo gordo, dice el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, es una locución coloquial que significa "hacerle (a alguien) el juego", darle por su lado, "darle el avión", cultivarlo con halagos...

Veamos: un elemento decisivo para la reciente apreciación del peso que parecen desdeñar tanto la nota como la columna reseñadas es la tasa de interés nominal y real que se obtiene en México. Los Cetes a 28 días se colocaron ayer en la subasta semanal de valores gubernamentales del Banco de México a una tasa de 7.74%, apenas un punto base por debajo de la tasa de referencia (TII a un día) del propio Banco Central que está en 7.75% y que, según la mayoría de los analistas, subirá a 8% en el futuro próximo (mi previsión es que esto sucederá tan pronto como el 2 de agosto, en la próxima reunión de política monetaria de la Junta de Gobierno del Banco de México), mientras que la inflación anual se ubicó, al cierre de junio, en 4.65 por ciento. No hay en el mundo en este momento opciones de inversión tan atractivas, en el corto plazo, como las que está ofreciendo México. 

Por si fuese poco, la Junta de Gobierno del Banco de México, como lo señalé hace unos días, ha sido más que clara y contundente al avisar que no dudará en elevar la tasa de referencia si percibe un deterioro en las expectativas de inflación; en otras palabras: los actuales integrantes de dicho órgano colegiado están comprometidos públicamente a lograr que la inflación anual se consolide lo antes posible en su meta de 3 por ciento (con un intervalo de variación de más o menos un punto porcentual) y sostendrán su compromiso viniere lo que viniere en el futuro próximo o remoto.

Por algo es una institución genuinamente autónoma, con un mandato unívoco de lograr una inflación baja y estable. 

Por otro lado, hasta ahora no percibo ningún hecho concreto que avale el entusiasmo que algunos muestran por el futuro gobierno de López Obrador en materia macroeconómica. No tenemos hechos, sino declaraciones generales, varias veces confusas e imprecisas, excelentes promesas verbales, arriesgadas ocurrencias, "genialidades" (como dibujar un futuro de promisorias exportaciones de mole a China y de agua de coco a los millenials del orbe) que dan risa y miedo a la vez...

Y no es reproche, dado que el señor López Obrador no será Presidente hasta el primer día de diciembre de este año; dentro de 141 días. En ese tiempo el tipo de cambio puede moverse en una u otra dirección y lenta o rápidamente, con suavidad o con espasmos bruscos. Imposible saberlo a ciencia cierta. 

Hoy, el fenómeno AMLO es "virtual". Tan virtual como "el caldo gordo". 

Piénsenlo.



lunes, 9 de julio de 2018

Una larga mojiganga

No han transcurrido ni diez jornadas tras el desenlace electoral proclamado la noche del primero de julio y tal parece que hemos entrado en un vertiginoso ir y venir de noticias, hechos, dichos, gestos, juicios, análisis, previsiones, anuncios, mudanzas de ánimo, júbilos, temores, profecías, desplantes, eclipses y amaneceres.

El conjunto configura un panorama de conmoción y desconcierto no exento de humor, de tal forma que podría calificarse de insólita mojiganga, que es - en buen español- "obrilla dramática muy breve, para hacer reír, en que se introducen figuras ridículas y extravagantes". También se dice que una mojiganga es: "cosa ridícula con que parece que alguien se burla de otra persona" y, se define también la dichosa mojiganga como "fiesta pública que se hacía con varios disfraces ridículos, especialmente en figuras de animales".

Las tres acepciones son aplicables a lo que hemos presenciado en esta primera semana de julio.

Tigres temibles que, de súbito, parecen gatitos tiernos; conversos repentinos que hacen penitencia y claman por el perdón de sus pecados; acólitos que arrojan la espada para sostener el incensario. Algunos juran haber visto a un singular Cid Campeador de pelo cano y sonrisa socarrona; otros cuentan que se trata de un redivivo Francisco de Asís o, más insólito aún, que "el lobo de Gubbia, el terrible lobo" que decía Rubén Darío, se ha vuelto manso y lame sumiso las sandalias del Santo de Asís...

Sucede algo que me recuerda la deliciosa descripción que hiciera Benito Pérez Galdós de la inauguración de las Cortes de Cadiz en 1812, evento que fue visto, en su día, lo mismo como presagio del fin del mundo -un cataclismo- que como aurora de tiempos promisorios e insólitos, el recomenzar del paraíso terrenal.

Cito, a manera de ejemplo, lo que Galdós hace decir a uno de sus personajes, que es obviamente desafecto a lo que ve en la inauguración de las Cortes:

"Nada, nada - dijo don Pedro con ironía-. Si ahora vamos a estar muy bien; si vamos a ver aquí el siglo de oro; si no va a haber injusticias, ni crímenes, ni borracheras, ni miserias, ni cosa mala alguna, pues para que nada nos falte, en vez de padres de la Iglesia, tenemos periodistas; en vez de santos, filósofos; en vez de teólogos, ateos".

Cada cual su gusto ante el espectáculo. Habrá quien censure que yo lo moteje de mojiganga, es decir: como algo que llama a risa, pero creo que ello es, por el contrario, venturoso. Primero, porque repudia la solemnidad tiesa a la que tan afectos somos, dicen, los mexicanos; segundo, porque nos recuerda que estos fenómenos, observados a la distancia, puestos en perspectiva, son efímeros, apenas entretiempos, entretenimientos que más vale tomar con ánimo risueño, que así como no hay males que duren siglos, tampoco hay tropiezo que sea permanente, ni que carezca de remedio.

Claro, a las ilusiones seguirán los desencantos. Pero así es la vida y así la naturaleza humana. 

Tiempo habrá para reflexionar, después de reír.
Tiempo habrá para corregir los dislates, tras refocilarse en ellos.
Tiempo para morderse la lengua, como epílogo al inopinado insulto o al desafinado himno que confunde triunfo con revancha resentida. 

Tiempo habrá...

jueves, 5 de julio de 2018

¿Subirá Banxico la tasa de referencia a 8 por ciento?

Mi respuesta es: Sí. 

Es lo más probable que la Junta de Gobierno del Banco de México decida el próximo 2 de agosto una nueva alza de 25 puntos base a su tasa objetivo para llevarla a 8 por ciento.

Esta atrevida suposición se sustenta en información pública, al alcance de cualquiera. No es fruto de la adivinación, ni mucho menos de "información privilegiada", de secretos o de confidencias indebidas. 

Gracias a la política de comunicación del propio Banco Central que es deliberadamente transparente y oportuna, podemos inferir que, ante cualquier indicio de que las expectativas que acerca de la inflación tienen los agentes económicos empiecen a perder su anclaje, la Junta de Gobierno no dudará en elevar la llamada tasa de referencia para que, por así decirlo, "las aguas regresen a su nivel".

Hoy jueves 5 de julio el Banco de México difundió la minuta 60 referente a la reunión de política monetaria que la Junta de Gobierno sostuvo el jueves 21 de junio y en la que por unanimidad decidió incrementar la llamada tasa de referencia en 25 puntos base, lo que la llevó a su actual nivel de 7.75 por ciento.

Cito sólo dos párrafos de dicha minuta que a mi juicio revelan claramente cómo actuará la propia Junta de Gobierno:

Uno, respecto de la decisión del 21 de junio: "Todos los integrantes (de la Junta de Gobierno) coincidieron en que, ante un entorno más adverso, es indispensable una respuesta de política monetaria para evitar un desanclaje de las expectativas de inflación, evitar efectos de segundo orden, y procurar la convergencia de esta a su meta".

Dos, respecto de lo que la Junta hará hacia adelante: "Ante la presencia y posible persistencia de factores que, por su naturaleza, impliquen un riesgo para la inflación y sus expectativas, la política monetaria se ajustará de manera oportuna y firme para lograr la convergencia de esta a su objetivo de 3 por ciento".

No es ocioso recordar que ayer, miércoles 4 de julio, el probable Secretario de Hacienda en la futura administración, Carlos Urzúa, sorprendentemente dijo que prevé para el cierre de 2019 una inflación de "entre 4 y 5 por ciento". Previsión que, salta a la vista, está totalmente desanclada respecto de la meta permanente del Banco Central.

Tenemos, pues, a un agente económico de gran relevancia (actual y potencial) que envía una señal al resto de los agentes económicos discordante con la meta permanente del Banco de México. 

La conclusión sobre lo que pasará en el futuro inmediato con la tasa de interés de referencia que utiliza el Banco de México para instrumentar su política monetaria me parece casi obvia. 

Habrá que bendecir la transparencia en la comunicación del Banco de México, fruto por cierto de su autonomía, que no nos cansaremos de defender y de agradecer.

miércoles, 4 de julio de 2018

Respetar, también, la meta permanente de inflación

El objetivo prioritario del Banco de México es inequívoco y único: procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional. Así dice, textual, el párrafo sexto del artículo 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Para lograr su objetivo prioritario, el Banco de México utiliza un esquema de política monetaria conocido como "objetivos de inflación", es un esquema común en la mayoría de los bancos centrales del orbe. El esquema consiste, llanamente, en establecer una meta de inflación anual, de carácter permanente, y utilizar todas las herramientas de política monetaria a disposición del Banco para lograr tal meta.

Esa meta, en México, es de 3 por ciento anual de inflación (medida de acuerdo al Índice Nacional de Precios al Consumidor INPC) con un intervalo de variabilidad de más o menos un punto porcentual. Para efectos prácticos, se dice que el Banco de México está en el rango de su meta de inflación cuando la variación en el INPC, en los últimos doce meses, se ubica entre el dos y el cuatro por ciento. 

Dato puntual: al cierre de la primera quincena de junio de este año dicha variación (inflación general anual) fue de 4.54 por ciento. Es decir: aún arriba de la meta permanente del Banco de México pero notablemente inferior que la variación anual registrada doce meses atrás, en 2017, que fue de 6.30 por ciento.

La tendencia en los meses recientes ha sido claramente a la baja y se atribuye, en primera instancia, a la política monetaria restrictiva instrumentada por el propio Banco de México a través de la tasa de interés objetivo o de referencia que es la Tasa de Interés Interbancaria a un día, que hoy está en 7.75 por ciento.

Para buena parte de los especialistas todo esto es más que sabido. Y para la mayoría del público también es sabido que el futuro gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha dicho en reiteradas oportunidades que respetará la autonomía del Banco Central.

Con todos estos antecedentes, me sorprendió hoy miércoles en la mañana enterarme que Carlos Urzúa, quien presuntamente será el Secretario de Hacienda en el gobierno de López Obrador, haya dicho que "para el primer año de la próxima administración (los integrantes del equipo del futuro Presidente) esperan que la inflación llegue a un nivel de entre 4 y 5 por ciento, por arriba de lo esperado por el mercado" (cito la versión que ofreció en su edición en línea el periódico "El Financiero").

Es una declaración cuando menos imprudente, ya que pone en duda, sin mayores argumentos, la viabilidad de la meta permanente, (subrayo: permanente) del Banco de México y es una declaración que mina la autonomía del Banco Central en el terreno de las expectativas, que es crucial para el funcionamiento del esquema de metas de inflación.

Se me dirá, tal vez, que en estos días de transición y de "grandes cambios" se trató de un mero desliz sin importancia, de una cifra muy aproximada emitida de improviso bajo la presión de un interrogatorio periodístico y que no merece atención.

Sin embargo, el asunto es mucho más serio de lo que parece. Si el Secretario de Hacienda -el actual o el presunto- pone en entredicho la capacidad del Banco de México para alcanzar su meta permanente de inflación, está poniendo en serio riesgo la autonomía del Banco Central, la cual es crucial para la estabilidad económica de México.

Piénsenlo bien antes de hablar.

 

martes, 3 de julio de 2018

Elogio de la normalidad

Tengo para mí que el momento más importante del proceso electoral que acabamos de vivir en México fue la emotiva aceptación que José Antonio Meade hizo de su derrota en las urnas.

Fue un discurso generoso, pleno de respeto y aprecio a las instituciones democráticas de las que disfrutamos en México, sincero y más que oportuno.

Fue uno de las más hermosas muestras públicas de la grandeza de lo ordinario y de la epopeya de lo cotidiano que recuerdo en más de 60 años de vida.

Fue, también, el mejor recordatorio de que nunca somos más grandes que cuando damos las gracias a quienes día con día nos aman y nos hacen mejores de los que podíamos haber imaginado.

Con ese acto magnánimo al alcance de cualquier entendimiento, gesto disponible para todo aquel que sepa tender la mano a su prójimo y extenderle sus brazos, volvimos a la grandeza de lo ordinario, de lo normal, en contraste con la estridencia y extravagancia de lo que se presume extraordinario, "histórico", inaudito, excepcional. 

El abrazo que Pepe Meade, con un nudo en la garganta, dio a su esposa - refugio y fortaleza de todos los días- contrastó brutalmente con los puños cerrados y en alto, con las consignas a voz en grito, con la diatriba y la grandilocuencia que abundaron en otros escenarios durante el proceso electoral.

No cabe duda: la normalidad es un tesoro. Temamos a las grandes palabras y a las exaltaciones. No busquemos el éxtasis ("estar fuera de sí, devorados por una pasión"), sino el pan cotidiano del amor en la salud y en la enfermedad, en la derrota y en la victoria, en lo pequeñito y en lo que nos parece grandioso, en el vaso de agua para el sediento y en la sonrisa de cómplice entendimiento con quien nos acompaña.

Recuperemos lo normal, la vida diaria, los tesoros cotidianos: los dientes que empiezan a brotar en un bebé, el pan recién hecho, el abrazo callado y apretado al anciano...

¿Tenemos que "estar a la altura de nuestra responsabilidad histórica"? No lo creo, esa es mera grandilocuencia vacía para consumo del espectáculo. 

A menos que comprendamos que nuestra responsabilidad histórica en cada momento, y para cada uno de nosotros, es preservar el tesoro de lo normal, del día a día, con sus fatigas y sus gozos; sus sonrisas sin doblez,  sus lágrimas sinceras, sus logros y sus tropiezos.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Las fantasías de López Obrador para eliminar la restricción presupuestal


Una manera práctica de detectar si una propuesta de política pública es populista es verificar si parte del supuesto de una restricción presupuestal "dura", de una restricción presupuestal "blanda" o del supuesto, fantástico, de que no existe restricción presupuestal alguna.

Los calificativos de "dura" o "blanda" para una restricción presupuestal fueron propuestos por el economista húngaro János Kornai (para información general sobre este economista ver aquí; para el concepto de "restricción presupuestal blanda" ver en este otro sitio ). 

Una restricción presupuestal "blanda" es aquella en la que un consumidor, una empresa, un gobierno (o todo un país, incluso), entiende que un exceso de sus gastos respecto de sus ingresos (déficit), puede permitirse - o incluso es deseable- porque hay una instancia externa que solventará indefectiblemente ese exceso.

Ejemplos: 
- "No importa. Papá pagará la tarjeta de crédito" (señorito consentido en plena francachela con sus amigos).
- "No importa. El gobierno federal, a través de la SHCP, asumirá los pasivos de la empresa paraestatal, a través de la emisión de deuda pública o de crédito interno" (empresas paraestatales en las épocas de Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo en México).
- "No importa. Obligaremos a nuestros acreedores internacionales a aceptar una 'quita' del principal de la deuda o sucesivas postergaciones del pago de intereses al infinito" (caso Néstor y Cristina Kirchner en Argentina o del primer gobierno de Alan García en Perú).

En varias ocasiones, el señor Andrés Manuel López Obrador, persistente candidato a la Presidencia de México, ha dicho que financiará cuantiosos aumentos en el gasto público gubernamental gracias a los "ahorros" que se obtendrán mediante el combate a la corrupción gubernamental. Él estima esos "ahorros", sin mencionar de dónde obtuvo esa cifra, en 500 mil millones de pesos, sin especificar, tampoco, si se trata de un ahorro no recurrente, de una sola vez, o de ahorros que se generarían cada año (lo cual, desde luego, sería un contrasentido porque una vez erradicada toda corrupción se esfumaría, también, la fuente de donde se obtendrían tales ingresos).

Se trata de la idea fantástica de que cualquier restricción presupuestal desaparecerá al influjo, omnipotente, de un autócrata que dará "el buen ejemplo" de no ser corrupto a todos y cada uno de los servidores públicos, en los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y en los tres órdenes de gobierno (federal, estatales y municipales).  

Para cualquiera que esté familiarizado con los mecanismos de corrupción salta a la vista que la mayor parte de los ingresos que obtienen los corruptos NO provienen de los presupuestos públicos a su cargo (que suelen tener múltiples y eficaces candados, especialmente en el gobierno federal, ámbito en el que jamás se ha desempeñado López Obrador a pesar de su afición a vivir del dinero público), sino del dinero que individuos y empresas particulares destinan a los mismos funcionarios corruptos - sea de grado o coercitivamente- para obtener permisos, favores, autorizaciones, información privilegiada, concesiones o, también, para no verse obstruidos en el desarrollo de sus actividades legítimas por clausuras, cancelaciones, suspensiones arbitrarias. 

Esto significa que la inmensa mayoría de las "ganancias" de la corrupción son extraídas del patrimonio de los particulares, luego entonces los "ahorros" que generaría un más que deseable y urgente combate a fondo de la corrupción en los gobiernos NO engrosarían los presupuestos gubernamentales, sino que aliviarán las estrecheces de algunos presupuestos privados, en el mejor de los casos. 

Salta a la vista el engaño. 
Con esto en mente, lea ese mal relato de ficción, un folleto rabón, que anda circulando bajo el nombre de "Pejenomics".